
Vivimos en la era del greenwashing, esa bonita palabra en inglés que suena moderna y ecológica, pero que en realidad significa: “te subo el precio, te pongo un logo verde y me hago la foto abrazando un árbol mientras tú pagas la fiesta”.
Porque sí, querid@s, hay empresas que han descubierto que lo de salvar el planeta no es un acto de conciencia, sino un negocio redondo. Y lo mejor: tú eres el cliente cautivo de su plan perfecto.
La trampa verde
De repente todo es eco. Eco-luz, eco-gasolina, eco-bolsa, eco-botella, eco-agua. Hasta el papel higiénico te lo venden como eco, como si tu trasero fuera un panda en peligro de extinción.
Pero detrás de ese aura verde hay otra realidad:
- Precios más altos: lo que antes costaba 1€, ahora vale 1,80€ porque el envase lleva un dibujito de una hojita.
- Servicios más caros: cambiar de coche a eléctrico puede costarte un riñón, pero tranqui, salvarás el planeta… en el año 2099.
- Falsas soluciones: te dicen que uses bolsas de tela, pero ellas siguen envolviendo medio supermercado en plásticos imposibles de reciclar.
El negocio del miedo
La jugada maestra es sencilla: primero te asustan, luego te cobran.
- “Si no compras esto, el planeta muere.”
- “Si no pasas a la tarifa verde, eres un monstruo.”
- “Si no pagas más, tu conciencia ecológica quedará manchada para siempre.”
La culpa se ha convertido en la mejor campaña publicitaria. Y encima funciona: cuanto más miedo sentimos, más caro lo pagamos.
El bolsillo ardiendo
Y claro, mientras tanto:
- La factura de la luz se dispara.
- Llenar el coche es un lujo.
- El supermercado parece el backstage de Armani.
Pero eh, consuélate: cada vez que pagas 20 céntimos extra por una bolsa biodegradable, el planeta sonríe (y la cuenta bancaria de la empresa también).
Lo que nadie quiere decir
Lo verde vende, pero no siempre soluciona. Porque de poco sirve cambiar los envases a cartón si seguimos produciendo toneladas de basura cada día. O poner coches eléctricos si la electricidad que los carga viene de quemar carbón.
El planeta necesita acciones reales, no campañas de marketing. Pero como eso no da tantos beneficios inmediatos, pues nada: seguimos con etiquetas, slogans y tarifas “eco”.
🦆 Reflexión del Pato
Al final, estas empresas que “cuidan el planeta” lo que realmente hacen es cuidar su cuenta de resultados. El planeta sigue jodido y tu bolsillo también.
Pero tranquilo, siempre podrás consolarte mirando ese envase con dibujitos verdes mientras piensas: “al menos estoy arruinado, pero con conciencia ecológica”.

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